lunes, 21 de mayo de 2007

Los restos humanos hallados en Uruguay impactaron

Cada caso que se resuelve nos permite devolverle la identidad a una persona y llevar cierta tranquilidad a una familia.


Luis Fondebrider, antropólogo forense argentino


Aquellos que buscan a los muertos
Martín Murphy
BBC Mundo Buenos Aires

Detrás de las excavaciones que se llevan a cabo en Uruguay para encontrar los restos de desaparecidos durante el último gobierno militar está el trabajo de antropólogos que han decidido hacer de esta tarea su especialización.


Los restos humanos hallados en Uruguay impactaron al país sudamericano.

El pionero en este tipo de trabajos fue el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), que actualmente participa de las excavaciones en Uruguay junto con antropólogos de ese país. El EAAF nació en 1984. Por entonces, Argentina acababa de salir de siete años de un gobierno militar que dejó, según la estimación de grupos defensores de los derechos humanos, alrededor de 30.000 desaparecidos.

"Ya en 1983 se estaban haciendo algunas exhumaciones, totalmente 'acientíficas', destruyendo los cuerpos y la evidencia.

Todo comenzó cuando un equipo de científicos de Estados Unidos llegó al país a pedido de las Abuelas de Plaza de Mayo para colaborar con la búsqueda de niños desaparecidos y con las exhumaciones", señaló a BBC Mundo Luis Fondebrider, jefe del equipo técnico de antropólogos argentinos.

Uno de esos científicos era el antropólogo Clyde Snow -actualmente considerado el antropólogo forense más reconocido a nivel mundial- quien comenzó a entrenar a Luis Fondebrider y sus compañeros, en ese momento, estudiantes de antropología.


Etapas del trabajo

El Equipo Argentino de Antropología Forense fue oficialmente fundado en 1986. Es una organización no gubernamental que hasta el momento ha trabajado en 34 países investigando la muerte y desaparición de personas en casos de violencia política.

El trabajo de los antropólogos forenses se divide en tres etapas.


La primera es la investigación histórica de casa caso, que es un muy similar a lo que realiza un detective tras un homicidio: hablar con los testigos, revisar documentos y tratar de establecer una hipótesis de lo que pudo haber pasado.

Cada caso que se resuelve nos permite devolverle la identidad a una persona y llevar cierta tranquilidad a una familia Luis Fondebrider, antropólogo forense argentino.

Luego viene la etapa arqueológica, donde se trata de recuperar el cuerpo y cualquier elemento asociado a él, como un proyectil de arma de fuego o una prenda de vestir.



La etapa final tiene lugar en el laboratorio. Allí se busca de identificar a la persona y descubrir cómo efectivamente murió. "Cada caso que se resuelve nos permite devolverle la identidad a una persona y llevar cierta tranquilidad a una familia", comenta Fondebrider.

Algunos casos tienen más resonancia que otros.

Quizá el más conocido haya sido el del guerrillero argentino/cubano Ernesto Che Guevara, cuyo cuerpo fue encontrado hace unos años en Bolivia, donde había muerto a manos del ejército de ese país.


Un oficio con demanda creciente
Según Fondebrider, los casos que tienen que ver con masacres de niños son especialmente duros, y cita el caso de Guatemala y El Salvador. "En el caso El Mozote -una masacre muy grande del ejército salvadoreño en el año '81- cerca de 140 chicos fueron ejecutados y los encontramos en una fosa común.

Esos son casos muy fuertes y duros".

El momento más difícil para un antropólogo forense es el momento en que debe comunicarle a una persona que ha encontrado los restos de su familiar. "Preferimos informarles nosotros (y no la justicia) por una cuestión de sensibilidad, de relación y de confianza..., porque a lo largo del trabajo vamos estableciendo relaciones de confianza y amistad con los familiares", sostiene Fondebrider.


Para los familiares la noticia es una mezcla de sentimientos. Por un lado significa la certeza de que su pariente está muerto, pero por el otro, según Fondebrider, es una situación de alivio y de paz, porque pueden cerrar una historia.


Obviamente, en un mundo ideal, donde reinara la paz, gente como Luis Fondebrider no tendría trabajo. La realidad del mundo, sin embargo, hace que sus servicios sean cada vez más requeridos en diversas partes del mundo.

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